Plea a medida

Si tu forma de trabajar no cabe en el programa, cambiamos el programa.

Todos los programas del sector te piden que te adaptes a ellos. Nosotros hacemos el software, así que podemos hacer lo contrario: entrar en tu despacho, entender cómo trabajáis de verdad y construir ese flujo dentro de Plea. No un informe con recomendaciones. El flujo, funcionando.

El problema de fondo

La implantación es donde se muere el software jurídico.

El patrón se repite en todos los despachos que cambian de programa. Se compran las licencias, se hace la migración, se dan dos sesiones de formación y a los seis meses la mitad del equipo sigue llevando su asunto en una carpeta compartida y una hoja de cálculo. El programa no se usó mal: es que nunca llegó a describir cómo trabajaba ese despacho.

Pasa porque las dos piezas están separadas. Quien fabrica el software no entra en el despacho, y quien entra en el despacho —la consultora, la empresa que implanta— no puede tocar el software. Cuando el flujo real no encaja, nadie tiene la llave para arreglarlo, y la que cede es la forma de trabajar del despacho.

Plea a medida existe porque en nuestro caso las dos piezas son la misma. Entramos nosotros, y lo que falta lo construimos.

Sesión de trabajo con el flujo de un despacho dibujado en una pizarra
El trabajo empieza dibujando cómo funciona hoy el despacho, no cómo debería.

Cómo funciona

Cuatro fases, con entregable en cada una.

Ninguna termina en una presentación. Todas terminan en algo que el despacho puede usar al día siguiente.

  1. Radiografía

  2. Diseño del flujo objetivo

  3. Construcción

  4. Puesta en marcha y ajuste

Qué construimos

Lo que normalmente entra en un proyecto.

El alcance se cierra en la radiografía. Esto es lo que más se repite.

  • IA sobre vuestra documentación

  • Automatizaciones del despacho

  • Integraciones

  • Migración de datos

  • Cuadro de mando de dirección

  • Funcionalidad nueva en el producto

Quién lo hace

Un equipo mixto, que es la única forma de que esto funcione.

En la mesa hay tres perfiles a la vez. Abogacía en ejercicio, que sabe lo que es un plazo y por qué un despacho desconfía de un automatismo. Ingeniería y arquitectura de software, que decide qué se construye y qué se compra. Y gente de operaciones, que ha reorganizado el trabajo de una empresa por dentro y sabe que un proceso nuevo se cae si nadie acompaña las primeras semanas.

No es una combinación de currículums: es la condición para que el proyecto no se quede a medias. Un equipo solo técnico rediseña un flujo que un abogado no puede usar. Un equipo solo jurídico pide cosas que no se pueden construir. Los dos juntos, con la llave del código, sí.

  • Diez años construyendo software para un sector conservador y muy regulado, compitiendo con multinacionales desde un equipo pequeño y sin levantar capital.
  • Migraciones y puestas en marcha en empresas que no podían permitirse parar un solo día.
  • Producto propio: lo que se decide en la reunión del lunes puede estar en el sistema del despacho sin pasar por el roadmap de nadie.

La prueba

Esto ya lo hemos hecho una vez, en otro sector.

El equipo de software de Plea viene de Hotelgest, un sistema de gestión hotelera que lleva más de diez años en producción. Es el aval que se puede comprobar, y por eso es el que se enseña.

Más de diez años en producción
Software de gestión crítico funcionando todos los días del año, en un negocio donde una caída se nota en la recepción a los dos minutos. Ese es el listón de fiabilidad con el que está hecho Plea.
Un equipo de ocho personas
Compitiendo de tú a tú con multinacionales del sector, con estructuras cientos de veces mayores. La conclusión que nos llevamos es la que aplicamos aquí: en un sector conservador gana quien entiende el oficio, no quien tiene el presupuesto de marketing.
Cero capital levantado
Construido con los ingresos del propio producto. Significa que las decisiones de producto las tomaron los clientes y no un plan de inversión, que es una diferencia que se nota en el software.

Hotelgest es una empresa del mismo equipo. Los datos son suyos y verificables; no se atribuyen a Plea.

Qué se gana

Más asuntos con el mismo equipo.

El objetivo del proyecto no es que el despacho tenga un programa nuevo. Es que la misma gente pueda llevar más asuntos sin trabajar más horas, porque el trabajo que no requiere criterio jurídico deja de hacerlo una persona.

Dónde está ese trabajo lo dice la radiografía, y suele estar en los mismos sitios: teclear en el sistema datos que ya vienen en un PDF, calcular a mano lo que tiene una fórmula y una tabla oficial, perseguir facturas, y rehacer informes que podrían salir solos.

No publicamos un porcentaje de ahorro. El del despacho de al lado no es el tuyo, y un número sin la medición detrás no vale nada. Lo que sí hacemos es medir el punto de partida en la radiografía, para que al final del proyecto se pueda comparar con datos vuestros.

Para quién

No es para todos los despachos, y decirlo ahorra tiempo.

Un proyecto de este tipo ocupa a varias personas durante meses, así que no es una decisión de suscripción sino de inversión. Tiene sentido cuando el coste de seguir trabajando como hoy es mayor que el del proyecto: despachos a partir de veinte personas, despachos con un volumen alto de asuntos repetitivos, y despachos que están a punto de contratar para tapar un problema que en realidad es de proceso.

Si el despacho es más pequeño, la respuesta honesta es que no lo necesita. Plea de serie ya trae los tres perfiles de configuración y se pone en marcha en días, sin proyecto y sin consultoría. Lo decimos en la primera llamada, no en la tercera.

Empieza por contarnos cómo trabajáis.

Preguntas frecuentes

Lo que nos preguntan antes de empezar.

¿Esto es consultoría o es software?

Las dos cosas, y esa es justo la diferencia. Una consultora entrega un informe con recomendaciones que después alguien tiene que implementar en un programa que no controla. Nosotros entregamos el flujo funcionando dentro de Plea, porque somos quienes hacemos Plea. Si algo del flujo que necesitáis no existe en el producto, se desarrolla.

¿Cuánto cuesta y de qué depende?

No hay tarifa: cada proyecto se presupuesta. La cifra depende del tamaño del despacho, de cuántas áreas de práctica entran, de cuánto hay que desarrollar que no exista y de qué sistemas hay que integrar o migrar. El alcance y el precio se cierran al terminar la radiografía, por escrito y antes de construir nada, así que no hay ninguna sorpresa a mitad de camino.

¿Cuánto dura?

La radiografía, entre dos y cuatro semanas. El proyecto completo suele estar entre tres y seis meses hasta la puesta en marcha, más el acompañamiento posterior. Depende sobre todo de cuánta migración de datos haya, que es lo que más se alarga y lo que más se subestima.

¿Qué pasa con lo que se desarrolla para nosotros? ¿Es nuestro?

Lo que se construye entra en el producto y se mantiene con él, que es lo que os interesa: no os quedáis con una versión especial que nadie actualiza y que se rompe en la siguiente subida. Vuestros datos, vuestras plantillas y vuestra configuración sí son exclusivamente vuestros, y os los podéis llevar en formatos abiertos cuando queráis.

¿Tenéis que cambiar todo el sistema del despacho?

No. Parte del trabajo es decidir con qué os quedáis. Hay software que un despacho no debe tocar —la contabilidad del asesor, la firma electrónica que ya usa, el gestor documental en el que confía— y en esos casos se integra en lugar de sustituirse.

¿La IA que montáis es la misma que trae Plea?

La base sí, y funciona igual: cada dato que extrae viene con el fundamento y con la frase literal del documento del que sale, para que se pueda comprobar. Lo que se ajusta en un proyecto es a vuestros tipos de asunto y a vuestros escritos, que es donde un modelo genérico se queda corto.

¿Trabajáis con despachos fuera de España?

El producto está construido sobre normativa española: Verifactu, LexNet, días inhábiles por partido judicial, criterios de colegio para costas. Para un despacho de fuera, esa parte no aplica y el encaje hay que mirarlo caso por caso.